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Gobierno israelí a punto de caer


Link [2022-06-18 15:58:20]



Con la fuga de dos de sus miembros que decidieron abandonar la coalición gobernante, es predecible que el gobierno de Israel, encabezado por el premier Naftalí Bennett, caerá muy pronto. Hasta antes de abril conta­ba con 61 escaños, apenas uno más de la mitad de los 120 que integran el Parlamento israelí o Knéset, pero con el abandono de los dos diputados desertores, ha quedado en minoría y, por tanto, funcionando sobre una cuerda floja sobre la que no se podrá sostener por mucho tiempo.

La sombra de nuevas elecciones se expande –las quintas en el curso de dos años y medio– y con ello la alta probabili­dad de que Benjamín Netanyahu, hoy en la oposición, recu­pere el liderazgo del gobierno de nueva cuenta. Aun cuando continúa su proceso judicial debido a las acusaciones que pesan sobre él, mientras no haya veredicto ni sentencia, tiene la posibilidad de mantenerse activo en la política nacional.

Vale la pena ahora, cuando simultáneamente el gobierno de Bennett cumple un año de vida y, sin embargo, está a pun­to de derrumbarse, hacer un breve balance tanto acerca de sus logros, como de sus fallas y limitaciones. En este último aspecto destaca el hecho de que al ser un gobierno variopin­to, integrado por un fuerte grupo de partidos de derecha na­cionalista a los que se unieron dos partidos de centro, uno de izquierda y otro más árabe islamista, no podía abordar varios de los problemas y desafíos cruciales para el país.

Temas como el de la ocupación sobre el pueblo palestino o la relación entre religión y Estado, que constituyen el meollo de cómo se desarrollará en el futuro próximo la configuración política, económica, social y ética de ese país, no pudieron ser abordados por el actual gobierno, en la medida en que sus integrantes mantienen visiones absolutamente contra­puestas al respecto.

Así, por ejemplo, una gran porción de los miembros de la coalición apoyan la expansión de los asentamientos judíos en Cisjordania, mientras que otra parte –los de centro, izquierda y el partido árabe– están a favor de la fórmula de dos esta­dos para dos pueblos. En esas condiciones, la inmovilidad y, por ende, el mantenimiento del statu quo, era inevitable. Y lo mismo ha privado en cuanto a la separación entre religión y Estado: parálisis al respecto, con algunos pequeños cam­bios que esporádicamente modificaron en algunos aspectos, situaciones relacionadas con ese rubro. En síntesis, los gran­des dilemas nacionales no pudieron ser abordados ni mucho menos resueltos por esa coalición, cuya composición es tan heterogénea.

¿Puede decirse, por tanto, que el balance del gobierno encabezado por Bennett es definitivamente negativo? La respuesta es no. Porque hubo ganancias nada desdeñables que tienen que ver con la reducción notable de la aguda po­larización social impulsada por los regímenes anteriores de Netanyahu. Así como lo hemos vivido en México, durante la gestión de nuestro gobierno actual, donde la polarización es impulsada por AMLO día tras día, también ocurrió lo mismo durante los últimos años de gobierno de Netanyahu, quien constantemente se refería a los izquierdistas y promotores del fin de la ocupación como traidores al país y a los intereses del pueblo judío, así como denostaba a conveniencia a los árabes cuando consideraba que ello le redituaba en términos político-electorales.

Con la coalición del gobierno actual eso dejó de ocurrir o sucedió con mucho menos frecuencia y fuerza. El hecho de contener en su propia alianza a un partido árabe –fue de hecho la primera vez en las más de siete décadas de vida del país que eso sucedió–, y de tener también miembros y ministros militantes de la izquierda y del centro político, contribuyó a atenuar el discurso otrora dominante de que la nación se dividía por la mitad entre “patriotas”, es decir, las derechas nacionalistas o religiosas, y los traidores, a saber, quienes se oponen a seguir manteniendo la ocupación y, en general, también la población árabe del país. La toxicidad del discurso oficial de la era Netanyahu fue así relativamente neutralizada.

Ahora se vuelve motivo central de las preocupaciones y conjeturas de los israelíes, si se renovará o no todo eso que empezó a ser superado por obra del gobierno aún en funcio­nes, pero agonizante ya hoy. Ésa es la conversación dominan­te, mucho más que el resto de los temas que giran alrededor de las perspectivas geoestratégicas del país. Es decir, para el público común quedan en un segundo plano asuntos como el de la ocupación, la amenaza iraní, el abasto energético mundial y, en general, las graves secuelas de la invasión rusa a Ucrania. La política local de corto plazo, con sus artima­ñas y tejemanejes, es en estos momentos el mayor centro de atención.

Columnista: Esther ShabotImágen Portada: Imágen Principal: Send to NewsML Feed: 0

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